Una antigua historia asiática cuenta que hace mucho,mucho, muchísimo tiempo un agricultor viudo vivía con su joven hijo cultivando una parcela de campo. cada día con su único caballo araban concienzudamente cada palmo de aquel terreno, él y su hijo que le ayudaba desde temprano hasta el atardecer.
No era una vida ni muy dura ni demasiado fácil y, así pasaban los días uno tras otro, hasta que un día cuando se levantaron al alba, el único caballo había desaparecido. Sus vecinos se lamentaban de su mala suerte porque ahora tendrían que trabajar el doble para conseguir el cultivo, "...Qué desgracia,qué mala suerte...", a lo que el agricultor tan sólo respondió con : " lo que tenga que ser, será".
Pasaron los días y un día apareció de vuelta el caballo, pero además llegó acompañado de una yegua salvaje. Los vecinos se apresuraron a decirle lo afortunado que había sido, ...como puedes tener tanta suerte, es algo increíble!...a lo que el agricultor tan sólo respondió con : " lo que tenga que ser, será".
La tarea estaba siendo más agradable con el fuerte caballo,hasta que pasados unos días el caballo soltó una coz al hijo del granjero con lo que le partió una pierna( antes no era como ahora, con los hospitales, romperse una pierna suponía muchos cuidados para no quedar cojo de por vida), así que el granjero perdió la ayuda de su hijo por un largo periodo de tiempo. Sus vecinos le hicieron notar en cual desgracia había caído,"...pobre desgraciado, no te dará tiempo para el cultivo, que mala suerte",a lo que el agricultor tan sólo respondió con : " lo que tenga que ser, será".
Siguió pasando el tiempo y, llegó a la población la noticia de que china había entrado en guerra, con lo que cada varón joven debía alistarse en el ejercito del emperador, todos los que estuvieran aptos, esto excluía al hijo del granjero que seguía recobrándose de su lesión. Los vecinos no se lo podían creer, "...tu hijo no tiene que ir a la guerra , que suerte" a lo que el agricultor tan sólo respondió con : " lo que tenga que ser, será".